Agenda Venezuela: Un negocio entreguista
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Publicado: 18/09/2026 05:00 PM
El lunes 15 de abril de 1996,
el presidente de la República, Rafael Caldera anunció a la nación
una serie de medidas contenidas en la llamada Agenda Venezuela, que tenían
como propósito fundamental eliminar la inflación a través del restablecimiento
de los equilibrios macroeconómicos y la recuperación del crecimiento de la
economía.
Para el momento, se necesitó superar
una larga etapa de transición que se inició con el boom petrolero de los años
1973 y 1974, cuando el Gobierno Nacional vio incrementada bruscamente la
disponibilidad de recursos y comprometió una parte importante de ellos en la
creación y ampliación de un grupo de empresas públicas deficitarias,
disminuyendo su capacidad para financiar la política de subsidios sin apelar al déficit fiscal como nueva fuente de financiamiento.
Esta política fracasó en los años 80, con el deterioro de los precios del
petróleo y el aumento de la deuda externa, lo que impactó desfavorablemente en las
variables que afectan la inflación y el deterioro de la calidad de vida que
vivió el país durante esa década.
La política petrolera dentro de la Agenda Venezuela buscó reactivar la economía nacional atrayendo inversiones privadas para expandir la producción de hidrocarburos, además permitió que corporaciones internacionales y privadas venezolanas invirtieran capital fresco en el sector, que serían administradas por Petróleos de Venezuela S.A, (PDVSA).
De acuerdo al plan, el
objetivo central era elevar sustancialmente el volumen de producción diaria de
barriles de crudo, mediante una inversión estimada en cerca de 30 mil millones
de dólares, y se apostaba por generar ingresos masivos a través del volumen
exportado, compensando así los desequilibrios macroeconómicos del país. Esto generó
fricciones internas y externas, ya que la estrategia chocaba con las cuotas
fijadas por la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP),
llevando a Venezuela a sobrepasar temporalmente sus asignaciones
internacionales.
Sobre las estrategias
administrativas para el uso de los recursos, no se conocen los detalles, nadie
las exigía y no se hacían campañas en contra de las mismas; sin embargo, las
consecuencias de ellas fueron experimentadas por el Pueblo.
En los documentos publicados
por la Oficina Central de Coordinación y Planificación (CORDIPLAN),
presidida en ese momento por Teodoro Petkoff, que hoy se encuentran en
el sitio web Analítica.com, se detalló que “hubo un impacto severo en la
calidad de vida debido a la eliminación de los controles de cambio, una devaluación
de la moneda en un 160%, el tipo de cambio oficial saltó drásticamente de 170 a
470 bolívares por dólar, lo que encareció de golpe todas las importaciones”. Es
importante recordar que, para la época, el país no sufrió ningún tipo de
restricción, bloqueo o sanción económica que menoscabaraa su desarrollo económico
de manera natural, producto de la renta petrolera.
Aunque la Apertura
Petrolera atrajo miles de millones de dólares en inversión privada, el impacto
de estas no se vieron reflejadas en la amortización de la deuda con
el Fondo Monetario Internacional (FMI) ni en la calidad de vida,
aumentaron los niveles de pobreza, la clase media se vio cada día desmejorada y
experimentó en el corto plazo la devaluación, la inflación del 103% en 1996 y
el brutal aumento del 800% en el precio de la gasolina con la Agenda
Venezuela.
Es así como las cúpulas partidistas se concentraron en defender intereses corporativos, pactos políticos y las cuotas de poder dentro de los ministerios y PDVSA, descuidando los servicios públicos básicos como hospitales, escuelas y universidades; con un descontento social que se tradujo en una constante ola de huelgas de trabajadores públicos, médicos y docentes, además de intensas manifestaciones de calle.
AMELYREN BASABE/REDACCIÓN MAZO