¿Cómo funciona la guerra cognitiva a favor de la narrativa hegemónica? (2): Una comparación entre Venezuela y Colombia

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El dolor, la incertidumbre y la tragedia para los ciudadanos venezolanos y colombianos es la misma, pero la narrativa es otra
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Publicado: 14/08/2026 04:49 PM

El evento sísmico ocurrido el pasado lunes 10 de agosto en Colombia evidenció el sesgo mediático político que existe cuando se habla o se informa sobre Venezuela.

Más allá de las explicaciones geológicas, asociadas a la profundidad de la falla y el daño que causó, un análisis simple de la cobertura periodística confirmó que existe un marcado sesgo editorial asimétrico entre ambos desastres, donde la prensa internacional y los creadores de contenido aplicaron marcos narrativos completamente distintos para explicar tragedias humanitarias de magnitudes similares.

Mientras el sismo en Colombia se humanizó a través de la resiliencia ciudadana, el de Venezuela se instrumentalizó para relatar el fracaso del Estado. En el caso del terremoto que afectó parte del Pacífico y el Eje Cafetero, los grandes medios de comunicación nacionales e internacionales priorizaron una narrativa de unión social, la romantización del dolor y la épica de la solidaridad, dejando en un segundo plano las fallas de infraestructura o la actuación del Gobierno.

En el país vecino, el enfoque se centra en las historias de vida, vemos los titulares plagados de crónicas individuales de supervivencia, del rescate de mascotas y del valor de los bomberos voluntarios. Se refuerza la idea de que la tragedia borra las diferencias políticas. Las imágenes recurrentes muestran a civiles formando cadenas humanas para remover escombros, promoviendo una épica de la solidaridad para suavizar el impacto de las denuncias de abandono estatal en las regiones afrodescendientes e indígenas.

Aunque el presidente rechazó la ayuda internacional, la prensa centró su cobertura en el despliegue técnico de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) y el Ejército, catalogando la respuesta como un ejercicio de soberanía operativa y orgullo institucional, en lugar de evitar una potencial negligencia logística con una clara instrucción de minimizar las críticas al Ejecutivo.

Por el contrario, la cobertura del doble sismo en Venezuela adoptó un enfoque eminentemente estructural y geopolítico, donde las víctimas individuales a menudo quedaron reducidas a estadísticas para ilustrar una crisis sistémica preexistente. El doble terremoto en nuestro país se presentó como síntoma del colapso del Estado.

La narrativa usada en Venezuela se centró en que el colapso de los edificios, no se atribuyó principalmente a la fuerza del terremoto, sino a la corrupción institucional. Los reportajes extranjeros se enfocaron en la falta de fiscalización de las normas de construcción y en el deterioro de los materiales de la Misión Vivienda, transformando el desastre natural en una consecuencia directa de la gestión chavista, presentándolas como estructuras políticas, no naturales.

También, se presentó la vulnerabilidad como foco; en lugar de destacar la solidaridad vecinal que también existió, los medios la enfatizaron como precariedad, destacando la falta de ambulancias, el desabastecimiento de insumos en los hospitales de Caracas y la escasez de policías, bomberos y rescatistas en las primeras horas luego del terremoto.

Este contraste evidencia cómo los medios internacionales tienden a aplicar un marco de "Estado fallido" para economías bajo sanciones económicas, donde cualquier desastre se lee como una confirmación del colapso del sistema. En cambio, para gobiernos aliados a intereses imperiales, se aplica un marco de "tragedia e infortunio", donde el foco se desplaza hacia la respuesta heroica de la sociedad civil y las autoridades para preservar la estabilidad institucional.

El encuadre de la prensa para el terremoto de Venezuela

Los titulares y reportajes publicados por cabeceras internacionales como The New York Times y El País tras los sismos de junio y agosto de 2026 evidencian de manera pragmática el contraste en el encuadre periodístico aplicado a cada nación. El análisis de sus reportajes demuestran cómo se construyeron los marcos de "colapso por corrupción estatal" para Venezuela y de "lección de resiliencia e institucionalidad" para Colombia.

En la cobertura del doble sismo del 24 de junio de 2026, los titulares omitieron la imprevisibilidad de los fenómenos de la naturaleza para responsabilizar directamente al sistema de gobierno y ligar el desastre con la crisis humanitaria.

The New York Times:

"On Venezuela's Coast, Life Is Reduced to Survival and Burial" (En la costa de Venezuela, la vida se reduce a la supervivencia y el entierro): El reportaje fustiga las promesas habitacionales de la Misión Vivienda creadas por Hugo Chávez, apuntando que los complejos populares colapsados sepultaron a los ciudadanos por negligencia en la selección de los suelos y corrupción estructural.

"Venezuela’s Response to Earthquakes Exposes Structural Collapse" (La respuesta de Venezuela a los terremotos expone el colapso estructural): El análisis se centró en denunciar el supuesto "silencio institucional" de la presidenta encargada Delcy Rodríguez y el uso de propaganda oficialista para tapar la falta de insumos médicos y equipos de rescate.

El País:

"Los terremotos en Venezuela causaron daños valorados en 19.600 millones de dólares, según el Banco Mundial": El diario español optó por abordar el desastre desde el prisma macroeconómico e institucional, haciendo hincapié en el ahogamiento financiero previo del país debido a las sanciones estadounidenses y la fragilidad del erario público.

 

El encuadre de la prensa para el terremoto de Colombia

Frente al sismo del 10 de agosto en el occidente colombiano, la narrativa dio un giro de 180 grados. Los titulares se diseñaron para exaltar la épica del rescate, el funcionamiento del Estado y la solidez técnica de sus instituciones, suavizando las críticas al nuevo gobierno.

The New York Times:

"Rescuers Race to Find Survivors After Deadly Colombian Quake" (Rescatistas corren contra el tiempo para hallar sobrevivientes tras el mortífero sismo en Colombia): En lugar de centrar la cobertura en las fallas de infraestructura en zonas vulnerables del Chocó, la prensa romantizó la "carrera contra el tiempo" y los aplausos de las comunidades civiles hacia los equipos de bomberos del Estado.

"Colombia’s New President Is Immediately Put to the Test" (El nuevo presidente de Colombia es puesto a prueba de inmediato): El periódico perfiló positivamente al mandatario Abelardo de la Espriella, resaltando su promesa de que "las víctimas no serán abandonadas" y destacando un contraste operativo con el aparato de rescate debilitado de Venezuela.

El País:

"Colombia, bajo el estado de emergencia por el terremoto que causa más de 160 muertos": El diario remarcó el carácter oficial de las medidas adoptadas por el Estado e incluyó rápidamente la recepción de fondos internacionales (como los de la CAF y EEUU), encuadrando a Colombia como una democracia institucionalmente respaldada a nivel internacional.

"De la Espriella le agradece a Bukele sin desmentir el rechazo a personal de rescate": Al registrar el polémico rechazo de Colombia a rescatistas extranjeros, los titulares suavizaron la decisión presentándola como un intercambio de cortesías diplomáticas y orgullo nacional de capacidades autónomas, un tratamiento opuesto al reproche que recibió la misma postura en Caracas.

El diario El País resumió este contraste de manera explícita en su análisis comparativo posterior: "Dos terremotos, dos respuestas: las reacciones de Venezuela y Colombia a la tragedia". En él se expuso cómo los medios adoptaron marcos informativos diferenciados: mientras en Colombia el flujo informativo transparente permitió que la ciudadanía se enterara de los daños en tiempo real, en Venezuela la opacidad forzó a los ciudadanos a depender de las redes sociales e internet para saber qué zonas continuaban bajo los escombros.

El dolor, la incertidumbre y la desgracia para los ciudadanos venezolanos y colombianos es la misma, pero la narrativa es otra. Se trata entonces que evidenciar como los medios utilizan la tragedia para atacar gobiernos por diferencias políticas, vemos como se exacerba el dolor para unos y se omiten acciones para otros; al final, los únicos que sufren esas diferencias son los Pueblos


AMELYREN BASABE/REDACCIÓN MAZO

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