¿Cómo funciona la guerra cognitiva a favor de la narrativa hegemónica? (4)

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El choque constante entre lo que las personas experimentan en su día a día y las realidades alternativas impuestas por los algoritmos, desencadenan disociación colectiva y transtornos de ansiedad
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Publicado: 28/08/2026 05:00 PM

Como se ha expuesto en los últimos artículos, la guerra cognitiva es un mecanismo de ataque que afecta directamente nuestra forma de pensar y pone en riesgo permanente nuestra salud mental, en consecuencia produce un daño psicológico en la colectividad. Para demostrar esta aseveración, hicimos una investigación sobre el impacto y cómo se manifiesta en la sociedad contemporánea.

El doctor neurocientífico venezolano Francisco Rivero explicó en una entrevista sobre las Consecuencias de la guerra cognitiva y sus efectos sociales, que "a largo plazo, el bombardeo constante de desinformación cargada de emociones negativas altera profundamente el procesamiento cerebral y nos mantiene en un estado de vigilancia crónica, la exposición repetida a amenazas fabricadas, activa de forma permanente la amígdala (la zona del cerebro ligada al miedo), y esto mantiene al individuo en un estado de estrés biológico continuo, elevando los niveles de cortisol y deteriorando las funciones ejecutivas de la corteza prefrontal.

Rivero advirtió además que “ante la necesidad de estar informado en un ecosistema saturado de verdades distorsionadas y narrativas contradictorias, el cerebro sufre una sobrecarga cognitiva. Con el tiempo, las personas desarrollan apatía y la creencia de que es imposible cambiar su realidad o distinguir lo real de lo falso, cayendo en un hartazgo psicológico crónico.

Es así como se produce lo que se conoce como disonancia cognitiva y alienación, que es el choque constante entre lo que las personas experimentan en su día a día y las realidades alternativas impuestas por los algoritmos de las redes sociales, que produce una fractura psicológica y desencadena una fuerte desconexión con el entorno social real, buscando la similitud entre lo que se vive y lo que se dice en las redes sociales y otras noticias.

También comentó el doctor Rivero que “otro de los efectos que produce la guerra cognitiva están asociados a los trastornos de ansiedad y depresión; la erosión sistemática de la seguridad percibida da paso al desarrollo de trastornos depresivos persistentes, ansiedad generalizada y sintomatología similar al estrés postraumático, los cuales pueden perpetuarse de manera intergeneracional si no se mitigan a tiempo”.

Un ejemplo reciente de la afectación que causa en la sociedad la manipulación mediática desde el entorno digital ha provocado crisis de percepción tangibles, es la polarización pos-electoral ocurrida en Venezuela; diversos análisis sociales y tecnológicos señalan que el país ha sido un escenario crítico de guerra cognitiva mediante el uso masivo de bots e inteligencia artificial en plataformas como TikTok, Instagram o servicios de mensajería. El bombardeo de narrativas hiperpersonalizadas de hostilidad y desmoralización buscó romper la capacidad de análisis y condicionar actos reflejos de rechazo institucional, provocando un persistente desequilibrio emocional colectivo basado en la rabia y la incertidumbre.

En el caso de la manipulación de las elecciones venezolanas vimos también el efecto causado por la pos-verdad. Este concepto no se refiere simplemente a la mentira tradicional, sino a la creación de una narrativa alternativa estructurada donde los hechos objetivos y las pruebas materiales son ignorados o sustituidos por discursos fuertemente cargados de emociones y sesgos ideológico. Si bien la Agencia Internacional de Inteligencia (CIA) de EEUU aclaró en documentos desclasificados que no pudo confirmar la ejecución material de un fraude electrónico masivo, atribuyendo el éxito electoral al partido de gobierno; esta verdad no ha sido objeto contundente de titulares, entrevistas o tema de conversación de los influenciadores de turno.

Estrategias de Contención y Defensa

Conociendo entonces el daño emocional y cómo afecta la salud mental este tipo de guerra, se requieren acciones estructurales y colectivas para quebrar la hegemonía mediática y recuperar la soberanía intelectual, tales como:

Alfabetización algorítmica: Educar a la ciudadanía sobre cómo funcionan los sistemas de recomendación para romper las cámaras de eco, para mantener al usuario cómodo, el algoritmo le muestra únicamente contenido que refuerza lo que ya piensa, ocultando las opiniones contrarias.

Análisis narrativo estratégico: Monitorear y desmontar de manera temprana los marcos discursivos falsos antes de que se arraiguen en el imaginario colectivo.

Recuperación de la memoria histórica: Contrastar de manera activa la apariencia construida en redes sociales con datos empíricos y vivencias territoriales reales.

Esta guerra persiste, y como lo dijo el secretario general del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), Diosdado Cabello Rondón, en su programa Con el Mazo Dando, el pasado miércoles: “Venezuela es el único país del mundo que ha enfrentado dos terremotos con una guerra mediática y ahora, con las lluvias que no traen buen pronóstico; van a hacer fiesta los medios hegemónicos, y nosotros siempre estaremos con la respuesta apegada a la verdad, por encima de todo, la verdad desata nudos y pone en evidencia a los mentirosos y pone las cosas en su lugar”.  


AMELYREN BASABE/REDACCIÓN MAZO

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