Dos estudiantes muertos y 17 heridos en el Liceo Sanz de Maturín (El Nacional, 5 de mayo de 1962)

60 AÑOS DE LA MASACRE DEL LICEO MIGUEL JOSÉ SANZ EN MATURÍN

Entre 1957 1958, el Liceo Miguel José Sanz había prestado el concurso de las luchas estudiantiles para el derrocamiento de la dictadura perezjimenista. Sus estudiantes, combativos, se frustraron al ver cómo Rómulo Betancourt engañó a las masas populares y entregó a Venezuela al imperialismo norteamericano. Las hordas paramilitares  adeco–copeyanas mantenían a la población maturinense en permanente estado de alerta; la represión era ejercida directamente por Luis Alfaro Ucero, su hermano Antonio y el socialcristiano Iván Salomón Vergara. 

La barbarie adeca tenía órdenes de exterminar a los estudiantes “cabezas calientes” del liceo Sanz. La saña enfermiza con que asesinaron a los estudiantes Alberto Millán y Rafael Guerra solo tenía precedentes en las atrocidades cometidas por la Gestapo contra el pueblo judío.  Betancourt había emitido, en varios de sus discursos, la instrucción de “disparen primero y averigüen después”. Pero en esta matanza se tradujo en “embriáguense primero y asesinen después”. Las bandas armadas, reunidas en la Casa Distrital de AD-Maturín tuvieron una jornada previa de ingesta alcohólica  y borrachera inducida.  

El 1ro de mayo de 1962, los estudiantes habían realizado un homenaje a la clase obrera y trabajadora en la Plaza de los Estudiantes. Mientras, en ese momento, en la casa de AD había grandes brindis y mucha comida para celebrar, pero los trabajadores desertaban para unirse a la reunión de los estudiantes.

El entonces gobernador del estado Monagas, Armando Sánchez Bueno, acordó con Luis Alfaro Ucero e Iván Vergara “dar un escarmiento a los estudiantes, ya que habían saboteado la conmemoración”.

El 04 de mayo era día de máxima tensión política por el alzamiento de El Carupanazo. Los estudiantes llegaron al Liceo Sanz, encontraron al Director Carlos Palomo escribiendo en los pizarrones que por órdenes del gobernador las clases estaban suspendidas. De la sede de AD, colindante con el liceo, salió Antonio Alfaro Ucero, al frente de una gavilla de cabilleros ebrios y armados al grito de “plomo con ellos que son nuestros enemigos”. Luego disparó dos tiros al aire en señal de ataque. Las bandas adecas entraron propinando balazos y cabillazos a los inermes estudiantes. Bajo el impacto de las balas cayó fulminado  Alberto César Millán Marcano (18 años), quien cerca de una nevera auxiliaba a una maestra embarazada herida de bala por los asaltantes. José Rafael Guerra Silva, fue objeto de dos disparos de fusil M30 y de una brutal paliza. Los adecos tomaron una pelota-bala de hierro  de lanzamiento olímpico para triturarle la cara.  

Acto seguido, intoxicados de alcohol y ebrios de odio las pandillas criminales de Acción Democrática sacaron a los estudiantes para fusilarlos. Colocaron contra un paredón, a la entrada del recinto, a 15 muchachos y dos muchachas. A cada  cabillero con fusil le asignaron un estudiante. 

Intervino entonces un Teniente y un Sargento Técnico de la Guardia Nacional con su tropa de uniformados, y se llevaron a los menores como detenidos, para posteriormente liberarlos. El teniente Héctor Carvajal y el Sargento Técnico Gustavo Perdomo  conscientes de la tragedia les salvaron la vida. 

La abominable masacre del Liceo Sanz es la constancia palpable de como el Pacto de Punto convirtió a Venezuela en un fábrica de violencia y de perversiones morales, que lanzaron al país por el abismo de la desvalorización de la dignidad humana, el rechazo a los principios básicos de convivencia, la erradicación de la tolerancia, la degradación de la política,  y el imperio de las aberraciones sociales. 


REDACCIÓN MAZO

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