EL GENOCIDIO DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS EN VENEZUELA
Publicado: 14/10/2026 07:00 PM
EL GENOCIDIO DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS EN VENEZUELA
(El Nacional, 3-11-1974; Últimas Noticias, 19-7-63; El Nacional, 11-7-87; Últimas Noticias, 1-2-69)

- Cuando Cristóbal Colón desembarcó en Macuro, el 2 de agosto de 1498, Venezuela tenía una población estimada en 1,2 millones de habitantes, distribuidos en tres grandes naciones originarias: los Arahuacos en Perijá, Zulia y Falcón; los Caribes (Cariñas) en toda la costa centraly oriental; y los Timotocuicas en las zonas montañosas de Los Andes.
- Para el año 1508, víctimas de la esclavitud, la espada, las armas de fuego, los mastines, los empalamientos y las enfermedades traídas por los españoles, la población se redujo a menos de 300 mil.
- Algo similar había ocurrido en República Dominicana, entonces parte de la Hispaniola. Según la crónica de Fray Bartolomé de Las Casas, cuando llegó a esa gran isla en 1508 “…vivían 60.000 personas en las islas, incluyendo a los indígenas, así que entre 1498 y 1508, habían perecido más de 3 millones de personas entre la guerra, la esclavitud y las minas. ¿Quién se va a creer esto en futuras generaciones?”.
- El censo de 1570 para la provincia de Venezuela revela que solo existían 60 mil indios tributarios entre 16 y 50 años, lo cual indica que para esa fecha el 78% de la población fue exterminada sin contemplaciones de ninguna clase.
- “Los indígenas”, dice de Las Casas en su informe, “no dan ninguna importancia al oro y a otras cosas de valor. Les falta el sentido del comercio, ni compran ni venden, y dependen enteramente de su entorno natural para sobrevivir. Son muy generosos con sus posesiones y por la misma razón… esperan ser atendidos con el mismo grado de generosidad…”.
- Cuando Colón puso pie en Venezuela escribió en su diario que “no llevan armas ni las conocen. Al enseñarles una espada, la cogieron por la hoja y se cortaron al no saber lo que era. No tienen hierro. Sus lanzas son de caña… Serían unos criados (esclavos) magníficos… con cincuenta hombres los subyugaríamos a todos y con ellos haríamos lo que quisiéramos…”.
- Al pie de la letra cumplió el Almirante Colón su ley criminal. Para extraer 12 toneladas de perlas, entre 1500 y 1540, en la Isla de Cubagua, entonces Nueva Cádiz, murieron 50 mil indios Lucayos, debido a la explosión de los tímpanos y hemorragias pulmonares, causadas por las incesantes inmersiones al fondo marino.

- En su “Brevísima relación de la destrucción de las Indias”, escrita en 1542, de Las Casas denunció ante el rey de España y el mundo el genocidio en marcha. En el capítulo “De la Costa de las Perlas y de Paria y la isla de la Trinidad", describió “la muerte infernal”: "La pesquería de las perlas es una de las más crueles e infelices cosas que en el mundo pueden ser. No hay vida en el infierno de este mundo que se le pueda comparar, aunque la de sacar el oro en las minas sea pésima y gravísima. Métenlos en la mar a tres y a cuatro y a cinco brazas de hondo, desde la mañana hasta que se pone el sol. Están siempre debajo del agua nadando, sin resuello, cogiendo las ostras donde nacen las perlas. Salen con unas redecillas llenas de ellas a lo alto a resollar, donde está un verdugo español en una canoa o barquillo, y si se tardan en descansar, les da de puñetazos y por los cabellos los echa al agua para que vuelvan a pescar. El alimento de ellos es pescado, y del mismo que tiene las perlas, y pan de maíz... El lecho que les dan a la noche es echarlos en un cepo en la tierra, porque no se vayan. A veces, se zambullen y no vuelven a salir jamás, porque los tiburones y marrajos, que son dos especies de bestias marinas crudísimas que tragan a un hombre entero, los matan y se los comen. Destruyéronse con este incomportable ejercicio todos los indios Lucayos (50.000) que había en las islas, que eran grandísimos nadadores, y de otras provincias muchos, donde se hacía esta gran granjería”.
- Sin embargo, pasados los siglos, los herederos de aquel holocausto indígena consagraron en las celebraciones del “Día de la Raza”la destrucción de los sobrevivientes de aquel primer genocidio. En especial los gobiernos de la Democracia Representativa que cada 12 de octubre honraban con ofrendas florales las estatuas de los carniceros y pasaban muy rápido la página roja cuando una de las tantas masacres de indígenas escandalizaba a la opinión pública.
- Casos que han quedado registrados para la historia en los episodios denunciados por el padre Luis María Olaso s.j., pionero en la Defensa de los Derechos Humanos en los atropellos cometidos por terratenientes de la familia Zinng Reverón en el Valle de Guanay, contra miembros de la etnia Piaroa (Huotüja), Alto de Manapiare del edo. Amazonas
- Así como la Masacre de Paraguaipoa, también denunciada por el padre Olaso s.j. en su informe a la Fiscalía General de la República de 1992, donde los escoltas del Presidente Carlos Andrés Pérez masacraron a tres individuos de la etnia Wayuu durante la celebración de los “500 años del Descubrimiento”. Otro sangriento “Día de la Raza”.
- Están también registradas “La Matanza en Los Llanos” o “Masacre de La Rubiera”, acaecida el 26 de diciembre de 1967 en el Alto Apure”, frontera con Colombia, donde ganaderos dieron muerte a 16 miembros de una familia de indios Cuiva, en la práctica de las razias de exterminio de esa zona conocidas como “Guajibear”.
- En las páginas rojas de los gobiernos del Pacto de Punto Fijo, también figuran los ocho niños de la etnia Warao que fallecieron de hambre y frío cuando fueron abandonados junto a sus familiares en la isla La Chivera, del Delta del río Orinoco, por órdenes del gobernador de esa entidad, Emery Mata Millán, quien demolió sus viviendas ubicadas en “Las Barrancas”.
- La “Masacre de los Yanomamis” ejecutada el 24 de agosto de 1993, por agentes de la minería ilegal (garimpeiros) en territorio venezolano, en la cual 16 integrantes de esa etnia, en su mayoría mujeres y niños, fueron salvajemente asesinados para despojarlos de sus territorios.
- Así como la constante negación de los derechos básicos y elementales consagrados en la Constitución Nacional de 1961, que impedía a los integrantes de las etnias indígenas venezolanas acceder a servicios esenciales de educación y salud o ejercer el derecho al voto por cuanto les estaba “prohibida”, por razones electorales, la cedulación. Es decir, no eran nadie a los ojos de la ley y del status quo político.

REDACCIÓN MAZO