Hablemos de soberanía: La Apertura Petrolera de 1992
Escucha esta noticia: 🔊
Tu navegador no muestra audio
internet
Publicado: 11/09/2026 05:00 PM
En el año 1992, Venezuela
arrastraba las consecuencias de la crisis de la deuda externa de los años 80, pasando
por el viernes negro y un colapso fiscal debido a una profunda crisis
financiera estatal y, debido a esto, se planteó la necesidad de cambiar la
estrategia comercial de la industria petrolera nacional para expandir su
capacidad de producción internacional.
Este proceso comenzó
formalmente a diseñarse y ejecutarse entre 1992 y 1993, durante el segundo
gobierno de Carlos Andrés Pérez y bajo la gestión de Gustavo
Roosen en Petróleo de Venezuela S.A. (PDVSA), con el objetivo
de impulsar la inversión de capitales privados nacionales y extranjeros en la
industria de los hidrocarburos tras la nacionalización de 1976.
El portal Misión Verdad
hizo una investigación que contrastó el reciente acuerdo energético binacional
entre Venezuela y EEUU, calificado como “una alianza estratégica
controlada con un piso fiscal garantizado”, muy distinto a la Apertura
Petrolera de los años 90, que se consideró como un esquema de subordinación y
desvalorización de los recursos nacionales. Mientras el acuerdo actual
establece un periodo estricto de 25 años e inversiones orientadas a estabilizar
la producción, el modelo noventero es recordado como una entrega ilegal de los
yacimientos a corporaciones transnacionales.
En esa investigación, Misión
Verdad planteó, respecto al contraste entre estos acuerdos, una marcada
diferencia en términos de ganancias y costos fiscales entre el modelo de la Apertura
Petrolera de los años 1990 y el Acuerdo Petrolero Binacional, además, describió
el acuerdo de los 90 como una entrega que despojó al Estado de sus
ingresos; contrario a las reglas previstas en el actual, que ofrece una fórmula
fiscal mucho más ventajosa para el país.
Para conocer más sobre este
acuerdo se revisó la entrevista ofrecida por el empresario y experto petrolero Alejandro
Terán, quien planteó 5 vértices de análisis, lo que permitió establecer
una comparación sobre los costos y ganancias que tuvo nuestro país con la
Apertura Petrolera de 1992 y este nuevo contrato petrolero:
Las Regalías, el 1% máximo frente
al 16% mínimo. El costo más gravoso de la Apertura
Petrolera de la Cuarta República radicó en que las transnacionales pagaban como tope,
una regalía simbólica del 1% bajo la premisa de que el crudo extrapesado del
Orinoco era "bitumen" y no petróleo. En contraste, el acuerdo de 2026
se rige bajo lo establecido en la Ley Orgánica de Hidrocarburos (LOH),
obligando a las operadoras norteamericanas a tributar al menos un 16% de
regalías, protegiendo de esta manera la soberanía de los recursos naturales.
Costo de Oportunidad y
Ganancia Neta por Barril: La ponderación matemática establecida
en el negocio actual hace una estimación neta de 19 dólares por barril, tomando
como precio de referencia internacional 65 dólares por barril; con un régimen
fiscal impuesto del 32% de Impuesto sobre la Renta (ISLR) más las regalías,
garantiza que Venezuela se quede con 19 dólares de ganancia neta por
cada barril comercializado en los 17 campos asignados. Esto revierte la lógica
de la Apertura Petrolera, donde la mayor parte de la ganancia quedaba en manos
de las corporaciones extranjeras y no se cobraba una tasa mínima impositiva
para atraer la inversión extranjera.
El Origen de las Inversiones
y el Presupuesto Nacional: La Apertura Petrolera subordinó
la economía real del país al capital extranjero a costa de la estabilidad
interna. Por el contrario, el negocio actual se presenta como una asociación
pertinente con las necesidades de inversión, en la cual la inyección inicial de
100 mil millones de dólares requerida para levantar la producción corre por
cuenta exclusiva del sector privado, permitiendo que el fisco venezolano reciba
ganancias limpias sin comprometer fondos públicos que el Estado no posee en la
actualidad, debido al bloqueo financiero y petrolero que mantiene el país desde
hace 14 años.
Ingresos Fiscales Totales
Proyectados: Esta área fue calificada históricamente por los
expertos en materia económica como la razón principal de las pérdidas masivas y
el saqueo de la renta nacional, debido a las nulas o bajas tasas acordadas en
la recaudación de impuesto sobre la renta. Por el contrario, en esta
negociación actual se estima un ingreso tributario de 209.000 millones de
dólares a lo largo de 25 años que dura el acuerdo.
Costos de Inversión y
Reactivación: En 1992 el Estado asumió los costos indirectos
para atraer el capital, y en este momento, se plantea una inversión nula o costo
cero para el Estado venezolano; lo hace que se capten más de 100 mil millones
de dólares en inversión 100% privada.
Ante
esto, los ejes financieros analizados demuestran que el acuerdo petrolero de
2026 representa una ruptura estructural con el modelo de negocio de los 90, evaluado
como un período de altos costos fiscales y pérdidas de soberanía para el país;
lo que transforma la relación de Venezuela con el capital extranjero de
un esquema de subordinación a uno de beneficio nacional mutuo, donde éste
último se proyecta como una victoria financiera fundamentada en tres grandes
beneficios: Maximización de la recaudación fiscal, Inyección de capital sin
endeudamiento público y Sostenibilidad a largo plazo.
Es por esto que, desde el
punto de vista financiero y soberano, el acuerdo petrolero binacional demuestra
que es posible atraer al capital privado para reactivar la industria energética
sin necesidad de rematar el recurso ni sacrificar los derechos fiscales de la
República.
AMELYREN BASABE/REDACCIÓN MAZO