La política petrolera en 1980: De la bonanza al endeudamiento
Escucha esta noticia: 🔊
Tu navegador no muestra audio
internet
Publicado: 04/09/2026 06:05 PM
A propósito de la conmoción que pretende la oposición venezolana causar en la población, debido al acuerdo petrolero binacional entre y , es importante conocer cómo fue el manejo de la industria nacional y cómo ese manejo se reflejó en beneficios para el Pueblo venezolano, antes de la era .
Bajo el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, luego de la nacionalización de la industria se instauró el modelo de Monopolio Estatal, que duró desde 1976 hasta 1992, y transformó radicalmente la relación entre el Estado, la riqueza petrolera y la sociedad venezolana. Durante este periodo, el lema central fue "Sembrar el Petróleo", traduciéndose en una masiva transferencia de recursos hacia el gasto público, el desarrollo de infraestructura y programas sociales.
Al realizar una investigación respecto a las ganancias financieras generadas por este modelo y cómo se convirtieron en beneficios tangibles para el pueblo venezolano, pudimos conocer lo siguiente:
Renta petrolera, caudillismo y centralización" en el Observatorio de Ecología Política de Venezuela, que "sobre las ganancias financieras del Estado o el ingreso fiscal, al eliminar a las concesionarias extranjeras, el Estado venezolano pasó a percibir la totalidad de la renta petrolera a través de tres vías principales: impuestos sobre la renta a las filiales de la empresa estatal Petróleos de Venezuela, S.A. (PDVSA), regalías por explotación y utilidades netas".
Los primeros años del monopolio petrolero, se conocen como la era de la gran bonanza entre 1976 y 1981, en la que los ingresos fiscales petroleros se multiplicaron exponencialmente debido a los altos precios internacionales del crudo impulsados por la crisis que hubo en Medio Oriente. El presupuesto nacional experimentó un crecimiento sin precedentes, otorgando al Estado una liquidez gigantesca.
Camargo añadió en su investigación que "en esa misma época, se manejaba la retención de utilidades, que a diferencia de la era de las concesiones, el dinero ya no salía del país hacia las casas matrices de o en el extranjero. Las ganancias se quedaban en las cuentas del Banco Central de Venezuela (BCV) y en el Fondo de Inversiones de Venezuela (FIV). Bajo este esquema de trabajo, la comercialización y operación del crudo se estructuraba a través de mecanismos como la venta directa; en la que las filiales de como Lagoven, Maraven y Corpoven, asumieron por completo la venta del crudo venezolano en los mercados internacionales".
El petróleo se negoci principalmente mediante contratos de suministro directo con refinerías internacionales, gobiernos extranjeros y clientes tradicionales. El Estado venezolano firmó contratos de asistencia con las antiguas concesionarias transnacionales (como Exxon, Shell y Gulf).
La política de internacionalización de en la década de 1980, se fundamentó en la compra de refinerías en el exterior, para asegurar mercados estables frente a las caídas de precios. Bajo esta estrategia, la empresa estatal petrolera adquirió el control total de refinerías y sistemas de distribución en los (como Citgo) y .
En los años 80 se enfrentó el colapso de los precios mundiales del crudo. Al ser un monopolio cerrado, el Estado debía financiar toda la inversión de su bolsillo. Cuando los ingresos fiscales cayeron, la industria se quedó sin capital suficiente para explorar nuevos pozos y mantener la producción a largo plazo.
Algunas ganancias obtenidas se inyectaron directamente en la sociedad reflejadas en mejoras en la calidad de vida de la población de clase media, particularmente entre 1976 y principios de los años 80.
Aunque se mostraban beneficios en la modernización de las ciudades principales del país durante la primera mitad del monopolio, el modelo mostró su fragilidad a partir del 18 de febrero de 1983, el recordado Viernes Negro debido a la caída sostenida de los precios mundiales del petróleo y el peso de la deuda pública externa contraída durante los años de abundancia demostraron que el esquema dependía en exceso del valor volátil del barril y el uso de las ganancias era abiertamente desigual, profundizando la pobreza en los sectores económicamente más deprimidos.
El sociólogo venezolano, Luis Pedro España, en su investigación llamada Programas Sociales y Déficits de Atención Social, publicada por el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales (IIES) de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) sostiene que "contrario a lo se expone hoy en día, la realidad venezolana mostraba una con altos niveles de desigualdad; y a pobreza estructural pasó de menos del 15% en los años 70 a superar el 50% en 1990 debido a tres factores fundamentales:
Al caer los precios mundiales del petróleo en los años 80, el Estado se quedó sin dinero. Como no se había diversificado la economía interna, no había industrias privadas fuertes que generaran empleos estables y productivos.
Las empresas privadas empezaron a quebrar debido a los controles de cambio, las devaluaciones y la recesión. Para sobrevivir, la población se refugió masivamente en la economía informal, que no contaba con seguridad social, pensiones ni salarios fijos.
El dinero que ingresaba por el poco petróleo vendido no se usaba para la población, sino para pagar los millonarios intereses de la deuda externa que los gobiernos habían contraído irresponsablemente durante los años de abundancia".
En resumen, a pesar del aumento de los ingresos producto de la venta de petróleo en los años 80, no se atendieron las necesidades básicas de la población más vulnerable, tampoco se pagó la deuda externa y el país recibió la década de los 90 sumido en un alto nivel de endeudamiento, recesión económica y los más altos grados de desigualdad social.
AMELYREN BASABE/REDACCIÓN MAZO