“ROBAMOS A VENEZUELA” Así se jactaron empresarios estadounidenses de la venta de CITGO
Publicado: 14/01/2026 09:00 PM
(Últimas Noticias, 23 de mayo de 1986 y New York Times, 5 de marzo 1986)
Esta historia demuestra como el oficio del periodismo de investigación de hace décadas sigue siendo una herramienta fundamental para explicar la realidad de hoy.
En mayo de 1986, siendo Presidente de la República Jaime Lusinchi, reventó un escándalo de corrupción con muchas ramificaciones que fue primera plana en todos los periódicos venezolanos.
En este caso se reprodujeron documentos y declaraciones sobre un fraude cometido contra la nación venezolana, publicado en el suplemento dominical del New York Times (NYT) del 5 de marzo de 1986 titulado: “Venezuela set to buy 50% of Citgo (Venezuela lista para comprar 50% de Citgo).
En Caracas, Últimas Noticias, tras las denuncias de Gastón Parra Luzardo y José Vicente Rangel, tituló con una declaración del entrevistado que textualmente decía: “Nosotros robamos absolutamente a Venezuela”.
El periodista Winston William puso el dedo en la tecla correcta, revelando como la compañía Southland Corporation, dueña de una cadena en bancarrota conocida como 7 Eleven, se alzó con una fortuna de $300 millones gracias a la venta de una refinería obsoleta considerada para entonces como chatarra industrial.
Las ramificaciones de la investigación llevaron también a descubrir la relación existente entre la “fuga de capitales” y miles de cuentas bancarias que diariamente abrían en Miami, Florida, políticos y empresarios que sumaban más de $35 mil millones, cuyo monto superaba la deuda externa.
El NYT publicó las declaraciones de un empresario, John Thompson, quien explicó cómo logró comprar las refinerías de Lake Charles (CITGO) por 250 millones de dólares y luego venderle a PDVSA la mitad de las acciones por un sobreprecio de $300 millones, quedándose a su vez como propietario de la otra parte de la empresa, muy turbiamente negociada con los ejecutivos petroleros venezolanos.
El presidente Lusinchi protestó enérgicamente las publicaciones y exigió al periodista Winston William que se retractara públicamente. El periodista nunca lo hizo, pues afirmaba que mientras Venezuela se hundía en la deuda externa, políticos y empresarios habían sacado una cifra casi idéntica a la deuda externa operando un fenómeno masivo de fuga capitales que fue facilitado con alfombra roja por el sistema legal y financiero de los Estados Unidos.
Para el periodista Williams, la compra de una chatarra industrial, por parte de PDVSA, era solo una muestra del expolio realizado contra Venezuela. Haciendo énfasis en sus artículos sobre el inmenso flujo de capitales robados, cuya descarada avalancha descapitalizaba al país, mientras el Pueblo sufría severas medidas de austeridad económica.
En esta oportunidad, el analista petrolero y fundador de la Organización de Países exportadores de Petróleo (OPEP), Juan Pablo Pérez Alfonzo, denunció que no solo Venezuela estaba comprando refinerías viejas a precios inflados, sino que Venezuela se estaba haciendo “rehén” de los Estados Unidos al invertir en suelo extranjero. Internacionalización que se convirtió en una estafa nacional o corrupción legalizada.
Williams destacó en sus reportajes cómo los descuentos petroleros eran un subsidio directo de los más pobres venezolanos a los multibillonarios de Texas y Wall Street.
Más aún, en 1990, la familia Thompson (dueña de la otra mitad de Citgo), tocó de nuevo la puerta a Venezuela y esta vez Carlos Andrés Pérez compró el otro 50% con un sobreprecio aún mayor.
Así, mientras la banca estadounidense presionaba a Venezuela para que pagara su deuda externa, por otro lado, esos mismos bancos protegían a los políticos y empresarios que obtenían ilegalmente miles de millones del erario público venezolano.
Winston Williams, en efecto, nunca se retractó de sus denuncias. De hecho, todos sus reportajes sobre Venezuela hoy se estudian en las más importantes escuelas de comunicación como un ejemplo perfecto de cómo el periodismo de investigación puede predecir un “estallido social” tras el colapso de una economía: El Caracazo.
REDACCIÓN MAZO