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A desalambrar: Un barco estratificado

Publicado: 1 de junio de 2021 a las 09:46 | Última actualización: 1 de junio de 2021 a las 10:05

"Palabras más, palabras menos, decían que la nueva realidad nos colocaba a todos en una nave que nadie sabía muy bien hacia donde iba" "Palabras más, palabras menos, decían que la nueva realidad nos colocaba a todos en una nave que nadie sabía muy bien hacia donde iba"

"Palabras más, palabras menos, decían que la nueva realidad nos colocaba a todos en una nave que nadie sabía muy bien hacia donde iba"
Foto internet

Al comienzo de la pandemia era usual comparar la situación con un barco. Palabras más, palabras menos, decían que la nueva realidad nos colocaba a todos en una nave que nadie sabía muy bien hacia donde iba. Era también una ruleta rusa esta rara enfermedad que parecía hacer caso omiso de los títulos nobiliarios, de las acciones en bolsa o del dinero en el banco. Desde entonces, ha pasado más de un año y aquella embarcación se fue fragmentando. Hay camarotes y pequeños espacios, literas debajo de una gotera, sala de baile, espacio para las maquinas, bodegas...

La pandemia poco a poco ha dejado de comportarse como fue al comienzo y cada vez marca más, daña más en función del lugar de cada quien. El manejo mundial de las vacunas ha sido una vergüenza, los países hegemónicos conservan más del 75% de las mismas, se les vencen, no las aplican, tienen varias veces las dosis que necesitan para inmunizar a toda su población mientras el Sur recibe dosis por perecer del fármaco menos seguro y en cantidades que no alcanzan para cubrir significativamente a la población.

Sobre vacunas hemos estado hablando en Venezuela. En todas las esquinas la gente debate que, si llegaron, que cuantas son, que donde están, que a quien se la pusieron, que qué hay que hacer para que te la pongan. Que si China, que si Rusia, que si Cuba, que si la ONU, que si Fedecamaras...

Todos esperamos con ansiedad que alcancemos la inmunidad del rebaño y que los más delicados sean pronto atendidos con la mejor opción que pueda dárseles. Es importante, en esto decir todos porque en el camino que poco a poco se remonta en esta materia hay esfuerzos de entendimiento, de acuerdo, de sostener que esta es la prioridad de todos los sectores políticos.

Sin embargo, nos falta mucho. Es necesario hacer un acuerdo, una tregua, una regulación, una donación, una subvención –lo que sea- para que a nadie le falte el acceso al oxigeno si lo requiere. Nos toca mirar e intervenir los mercados negros y los precios descomunales que han venido surgiendo en cada uno de estos rubros, incluidos los medicamentos y las clínicas. Nos toca idear un plan a implementar cuando los hospitales ya no dan más.

Esta situación nos exige mirar qué están viviendo las personas mayores. Es curioso lo poco que hablamos de la situación que enfrenta una generación que ya tiene sus años, que se encuentran en la ancianidad muchas veces con los hijos lejos y enfrentan a cada minuto la merma de sus ingresos. ¿Cómo hacen frente al látigo de la soledad y de la pobreza? ¿cómo sobrellevan llegar a viejos después de trabajar toda la vida sintiendo que no tienen nada? Es difícil pretender que pueden reponerse mediante la reinvención, la resiliencia o el emprendimiento porque cada día tiene su afán y esas épocas ya les pasaron. Cuando las tuvieron construyeron el país que tenemos, las familias que somos.

En estos tiempos en los que hay tanto movimiento, que se habla de una nueva conformación política, donde los sectores más adversos han asumido que necesitan entenderse y que incluso se habla desenfadadamente de la necesidad de un nuevo sistema económico debemos recordar las premisas fundamentales que no son otras que las más humanas, todo el Estado, toda la sociedad se debe a la atención de los derechos de las personas, que siempre han de tratarse con humanidad, con solidaridad, con dignidad y respeto.

ANA CRISTINA BRACHO 

@anicrisbracho

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