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Chavistamente: Convocatoria al fracaso

Publicado: 31 de marzo de 2021 a las 17:20 | Última actualización: 31 de marzo de 2021 a las 17:55

"Un día el gobierno es malo por llevarle comida a la gente que la necesita, otro día es malo el gobierno porque la comida no llegó" "Un día el gobierno es malo por llevarle comida a la gente que la necesita, otro día es malo el gobierno porque la comida no llegó"

"Un día el gobierno es malo por llevarle comida a la gente que la necesita, otro día es malo el gobierno porque la comida no llegó"
Con el Mazo Dando

La oposición venezolana ha cultivado la cursilería y la pava con esmero militante. Dos décadas intensivas de discurso clasemediero plagado de clichés, de construcciones gramaticales rebuscadas que pretenden ser “cultas”, entretejidas con una religiosidad ya no fervorosa, sino fanática, soberbia y a la vez lacrimosa y suplicante, que eleva oraciones y ruegos sanguinarios por cadenas de WhatsApp, para que “abajo cadenas” y “seguid el ejemplo que Pinochet dio”. Todo esto envuelto en una bandera siete estrellas con un tepuy de fondo, junto una orquídea salpicada de titilante rocío y un paquete de Harina Pan. Un guión de una política de marketing hecha a la medida, que recoge los prejuicios, los miedos, las aspiraciones y las ínfulas de esa clase media opositora. 


Reforzando el discurso, un elenco de políticos made un USAID, actores de RCTV, cantantes, misses, y claro, las estrellas principales: los periodistas, Carla Angola, Nitu, Leopoldo Castillo, Lu$ Mely, por nombrar lo que medio queda de un gran batallón de manipuladores de opinión disuelto en el olvido, convertido en abono para nuevos actores, más adaptados a estos tiempos: influencers, youtubers, “irreverentes” bobos, herederos de Chataing... renovados los actores, intacta la pava y la cursilería. Intacto el marketing político de laboratorio, intacta la persistencia en el fracaso.


Enmarcado en un drama cambiante, según sople el viento de la conveniencia política, que no es otra que “¡Chávez/Maduro vete ya!”, un día el gobierno es malo por llevarle comida a la gente que la necesita, otro día es malo el gobierno porque la comida no llegó. Un día es malo el control de precios, y otro es malo el gobierno porque el aguacate subió. Años yendo de la A a la Z, sin pudor alguno los trajo a un presente bipolar donde pueden afirmar en un mismo mensaje que la pandemia es mentira, que lo que pasa es que no hay combustible, a la vez que aseguran que los contagios son millones, que los hospitales colapsaron y que los muertos se les derraman por las ventanas, que el gobierno malvado oculta todo, que ¡Maduro vete ya!


El asunto es mantener ese ambiente de zozobra, que, por cierto, se lleva de maravillas con el bloqueo que no existe hasta que les aprieta y entonces sí existe y cuando existe también es culpa del gobierno de Maduro, que no se deja gobernar por la Casa Blanca, como debe ser. Más de dos décadas en ese trajín emocional que exige aparcar la razón y la coherencia, no hace sino agotar a su gente. Un ejercicio de zozobra y fracaso continuado que los empujó a la desesperanza y a la despolitización.


Ya nada los convoca. Pero aquel engendro llamado “protesta creativa”, tan ARS publicidad, tan ocurrente y fotogénico. Aquel ejercicio de manipulación de las emociones que los puso hasta envasar su pupú en potes de mayonesa, —Mavesa forever, of course—, captados con campañas atiborradas de los símbolos de siempre, la bandera, la Virgen lacrimosa, el David encapuchado versus el comunista Goliat, la orquídea, o un turpial o un sol de arepa —¿por qué no?— y un slogan muy, muy cursi y hasta una musiquita heroica pop; para que la mierda no pareciera mierda, para que la estupidez pareciera un ingenioso método de lucha libertaria... decía que aquel ejercicio de control y manipulación emocional persiste, como persiste la pavosa cursilería, solo que con nuevo maquillaje.


Convocados ya decenas de cacerolazos que no sonaron, convocadas no sé cuantas marchas temáticas vacías, sin gente para la foto, reorientan la pavosa cursilería hacia la misma indignación y el mismo lamento disfrazado esta vez de acto de fe religiosa. Un acto masivo, notorio, fotogénico. Una cita a las doce en punto, como aquella de apagar el carro y dejarlo atravesado y pegar dos cornetazos por la libertad; pero esta vez sin cornetazos, ni carros, sino con plegarias de rodillas, allí donde te agarre el mediodía, preferiblemente en plena calle, calle y más calle... millones de venezolanos arrodillados, implorando al cielo que nos libre de una vez del gobierno de Maduro —perdón— del virus chino —perdón— del COVID19. Amén.


Y como era de esperarse, Venezuela no se arrodilló, ni siquiera la doña más doña de todas en El Cafetal.


CAROLA CHÁVEZ


@tongorocho


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