¿Defender el periodismo o blindar la manipulación?
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Foto: Internet
Publicado: 16/07/2026 10:30 AM
La reacción del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP), frente a las declaraciones de Diosdado Cabello Rondón, deja una pregunta inevitable: ¿Realmente están defendiendo el periodismo o están intentando convertir en víctimas a quienes aprovecharon una tragedia para sembrar miedo y desinformación?
Durante la editorial del programa 575 de Con el Mazo Dando, Cabello fue enfático: sus críticas no estuvieron dirigidas contra el periodismo como profesión, sino contra quienes —según afirmó— utilizaron el doble terremoto del 24 de junio para difundir rumores, montajes y falsas noticias con un claro propósito político.
No habló de periodismo responsable. Habló de quienes, en medio del dolor de miles de familias, difundieron versiones sobre supuestos bloqueos a la ayuda internacional, fosas comunes, cobros por entregar cadáveres, cifras manipuladas de víctimas, abandono absoluto de los damnificados, alerta de tsunami y otras matrices que, con el paso de los días, fueron desmentidas por los hechos o carecieron de pruebas verificables.
Sin embargo, el SNTP decidió presentar esas declaraciones como un supuesto ataque contra toda la prensa. Esa postura no solo simplifica el debate, sino que evita responder la pregunta de fondo: ¿Quién defiende a la sociedad cuando se utiliza una tragedia para fabricar miedo, desesperanza y confrontación política?
Porque una cosa es ejercer un periodismo crítico e investigar al poder —algo legítimo y necesario en cualquier democracia—, y otra muy distinta es amplificar rumores sin verificar, convertir publicaciones en redes sociales en “verdades” o dar por ciertas versiones cuya única finalidad es generar angustia en una población que ya atraviesa uno de los momentos más difíciles de su historia reciente.
La libertad de expresión es un derecho fundamental. Pero también lo es el derecho de la ciudadanía a recibir información verificada. No todo lo que circula en redes sociales es periodismo y no toda crítica a una noticia falsa constituye un ataque contra la libertad de prensa.
Lo más llamativo es que el SNTP levantó rápidamente su voz para denunciar una supuesta estigmatización, pero ha sido mucho menos visible exigiendo rectificaciones públicas a quienes difundieron informaciones falsas que terminaron aumentando la incertidumbre de miles de familias. ¿No debería un gremio periodístico ser el primero en defender el rigor, la verificación y la ética profesional?
En la editorial de su programa, Cabello sostuvo que nunca antes Venezuela había enfrentado una tragedia natural acompañada de una campaña mediática de tal magnitud, orientada —según afirmó— a convertir el dolor colectivo en una herramienta de desestabilización política. Desde esa perspectiva, su cuestionamiento estuvo dirigido contra esas prácticas y no contra el ejercicio periodístico en sí.
Quizás el verdadero debate no sea si alguien puede criticar a un periodista. El verdadero debate es si el periodismo puede renunciar a la responsabilidad de verificar los hechos cuando está en juego la tranquilidad de todo un país.
Porque defender el periodismo también implica defender la verdad, la ética y el compromiso con la sociedad. Si un gremio solo alza la voz cuando se cuestiona a quienes difundieron información falsa, pero guarda silencio frente a los daños que esa desinformación puede causar, corre el riesgo de transmitir un mensaje equivocado: que el corporativismo importa más que la credibilidad.
Y esa sí sería una derrota para el periodismo de verdad.
REDACCIÓN MAZO