María Corina Machado: La tragedia como discurso y la boda como vitrina

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No se trata de que su familia no tenga derecho a una vida privada. Se trata de que quien pretende capitalizar políticamente cada fallecido y cada familia afectada no puede luego posar desde la celebración, la alegría y el privilegio como si nada ocurriera
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Publicado: 10/07/2026 02:45 PM

María Corina Machado volvió a demostrar que, para ella, el dolor de Venezuela sirve mientras pueda convertirlo en discurso político.

Durante días habló de los fallecidos, de las familias afectadas y de la tragedia nacional con un tono calculadamente dramático. Se presentó como una voz sensible, indignada y supuestamente comprometida con el sufrimiento del país. Pero bastó una celebración familiar para que quedara expuesta la verdadera dimensión de su hipocresía.

Mientras miles de familias enfrentan la pérdida de seres queridos, viviendas destruidas, incertidumbre y desplazamiento, ella decidió exhibir públicamente la boda de su hijo, como si Venezuela no estuviera atravesando una tragedia. Sin pudor. Sin prudencia. Sin el más mínimo respeto por el duelo colectivo que tanto utilizó en sus declaraciones.

No se trata de que su familia no tenga derecho a una vida privada. Se trata de que quien pretende capitalizar políticamente cada fallecido y cada familia afectada no puede luego posar desde la celebración, la alegría y el privilegio como si nada ocurriera.

Si realmente le doliera el país como asegura, habría guardado silencio. Habría tenido la decencia de no publicar nada. Habría comprendido que no era momento de convertir una boda en espectáculo mientras tantas familias todavía lloraban a sus muertos.

Pero su conducta revela otra cosa: una actitud profundamente egocéntrica y una visión megalómana de la política, en la que todo gira alrededor de su imagen, su relato y su protagonismo. Incluso la tragedia parece servirle como escenario para proyectarse, atacar y presentarse como salvadora.

Eso es lo indignante. No la boda, sino la obscenidad política de usar el dolor nacional como plataforma y, poco después, exhibir una celebración familiar sin mostrar consideración alguna por quienes sufren.

María Corina Machado quiso mostrarse como la voz del duelo, pero terminó retratada por su propia incoherencia. Mucho discurso sobre los fallecidos, mucha pose de solidaridad y, al final, ninguna sensibilidad real frente al país que dice representar.

La tragedia no puede ser una herramienta de propaganda. Los muertos no pueden convertirse en utilería para alimentar una ambición política desmedida. Y el dolor de miles de familias merece respeto, no discursos hipócritas de quienes solo lo recuerdan cuando les resulta útil.

REDACCIÓN MAZO

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