La doctrina Monroe y el destino manifiesto estadounidense: El mito sobre la razón (1)
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Publicado: 05/06/2026 06:53 PM
Unas de las herramientas mitológicas e ideológicas que utiliza EEUU para justificar su expansión territorial y su injerencia política en el continente desde el siglo XIX, son las que conocemos como Doctrina Monroe y el destino manifiesto.
La Doctrina Monroe sirve como una hegemonía continental que los estadounidenses sintetizan en la frase "América para los americanos", fue proclamada por el presidente estadounidense James Monroe en 1823 ante el Congreso, con el propósito de impedir que las potencias europeas colonizaran o intervinieran en los asuntos de los nuevos Estados independientes de América del norte, y su misión era establecer una línea de separación entre el Viejo Mundo (Europa) y el Nuevo Mundo (América).
El investigador mexicano, Raúl Figueroa Esquer, del Instituto Tecnológico Autónomo de México, explicó en un ensayo, llamado “El Corolario Polk a la Doctrina Monroe (1845) II”, que “en un principio, Monroe creó esta doctrina como una advertencia formal a las potencias europeas de no recolonizar el continente; para más tarde, en 1845, asumir la Doctrina Polk o el Corolario Polk, como una extensión de la doctrina Monroe que fue formulada por el presidente estadounidense James K. Polk, y establecía que EEUU siempre se opondrá a la interferencia europea en América, incluso si un país del continente americano cedía voluntariamente su territorio. Tales premisas, se utilizaron como justificación de la guerra con México y avanzar en la expansión territorial hacia el oeste y la anexión de Texas”.
Polk amplió la doctrina de 1823, señalando que la cesión voluntaria de territorio americano a una potencia europea representaba una amenaza para la seguridad nacional de EEUU.
Para dar fuerza al mito creado de “América para los americanos”, entendiendo como América a todo el continente, EEUU siguió en su políticas intervencionistas; así lo explicó también el Instituto estadounidense Smithsonian, a través de una investigación sobre la doctrina Monroe, explicó que “aunque nació como una postura defensiva frente a Europa, se transformó en una herramienta para que EEUU interviniera militar y económicamente en América Latina como se pudo reflejar en el Corolario Roosevelt de 1904; una política exterior que amplió la Doctrina Monroe y estableció que su país tenía derecho a intervenir militar y económicamente en los países de América Latina y el Caribe para mantener el orden y evitar la intervención de potencias europeas”.
Los documentos que reposan en la Administración de Archivos y Registros Nacionales, ubicado en Washington, describen que “en calidad de ser el 26° presidente de EEUU, Theodore Roosevelt, tuvo una posición única para convertir a su país en potencia mundial. En 1904, año en que su gobierno inició la construcción del canal de Panamá, el presidente reaccionó ante la amenaza de intervención europea en la República Dominicana remitiendo el Corolario de Roosevelt a la doctrina Monroe, el cual reclamaba al continente americano como esfera de influencia de EEUU, sin especificar estrategias. El Corolario de Roosevelt afirmaba el derecho estadounidense a la intervención activa y en las primeras décadas del siglo XX, justificó el uso de la fuerza militar estadounidense en Cuba, República Dominicana, Haití, Nicaragua, Panamá y otros países a fin de garantizar el alineamiento ideológico y económico de estos países con EEUU”.
Si la Doctrina Monroe consagró la tutela política y militar de estadounidense sobre Latinoamérica mediante la premisa "América para los americanos" que evolucionó de una postura defensiva contra el colonialismo europeo a una justificación para recurrentes intervenciones e invasiones en la región, el Corolario Roosevelt consagró a EEUU como "policía internacional" en el Caribe.
El impacto político y geopolítico de esta doctrina ha sido reflejada en el continente como una soberanía limitada, al pretender sustituir la vieja dependencia colonial europea por una hegemonía estadounidense urgimiento del antiimperialismo latinoamericano ante la asimetría de poder.
Tal como lo asume el gobierno estadounidense desde su constitución, la Doctrina Monroe establece por “derecho divino”, el aislamiento internacional a los países del continente, por lo cual ejerce ese derecho al aplicar acciones de bloqueo de alianzas independientes entre naciones del Sur y Europa.
Paralelamente, EEUU también aplica la llamada Doctrina del destino manifiesto como una filosofía e ideología política según la cual están destinados por un designio divino a expandir sus fronteras hacia el oeste, conquistando territorios de costa a costa para difundir su cultura, su modelo de libertad y su forma de gobierno. Es entonces como se une lo mitológico con lo ideológico, así lo explicó la Gazeta de Antropología, refiriéndose al uso del mito para la manipulación y detalló que "en una herramienta mitológica utiliza narrativas, símbolos y lo sobrenatural para explicar el origen del mundo y transmitir valores. En contraste, una herramienta ideológica es un conjunto de ideas políticas, económicas o sociales diseñado para justificar el poder y guiar las acciones de una sociedad".
Ambas doctrinas cambiaron el rol de EEUU: pasó de ser una excolonia buscando protegerse a convertirse en una potencia imperialista que amenaza todo el hemisferio occidental. El Destino manifiesto fue una frase acuñada por el periodista John O'Sullivan en 1845 que asumen como la certeza de que su país está destinado por Dios a expandirse de costa a costa.
Bajo estas premisas, los estadounidenses se consideran un pueblo elegido con valores superiores y su misión es dominar el continente americano mediante la propagación de su concepción de libertad y democracia; tanto la Doctrina Monroe en 1823, como el destino manifiesto en 1845 se transformaron rápidamente de posturas diplomáticas en la justificación imperial para intervenir y ejecutar las invasiones militares estadounidenses en América Latina. Mientras la primera cerraba el paso a competidores externos, la segunda otorgaba a Washington un "derecho divino" para expandir su control. Ambas ideas mutaron con el tiempo para pretender transformar a América Latina en lo que históricamente han denominado el "patio trasero" de Washington.
Para los latinoamericanos, estas doctrinas obstaculizan el desarrollo de relaciones internacionales de respeto soberano, perpetuando una asimetría de poder. En el debate político contemporáneo, el resurgimiento del discurso monrroísta estadounidense en el continente, es visto de manera crítica por América Latina como una actualización moderna para mantenerse en su política injerencista.
AMELYREN BASABE/REDACCIÓN MAZO