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Malaverismos: Monómeros sí se ve su rabo

Publicado: 3 de octubre de 2021 a las 08:18 AM | Última actualización: 6 de noviembre de 2021 a las 01:28 PM

Roberto Malaver, periodista Roberto Malaver, periodista

Roberto Malaver, periodista
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El G4 se volvió un 8 para explicar la quiebra de Monómeros. Todos se echan la culpa y todos son culpables. Solo se trata de saber quién es más culpable.
Cuando Ramos Allup escuchó a Patricia Poleo decir que “Ramos Allup y Manuel Rosales son los responsables de lo que pase ahora en Monómeros”, soltó al perro chicharrón y se puso de píe.
-Esta mujer va a acabar con lo poco que me queda de vida. – dijo en voz alta
El perro chicharrón salió ladrando hasta la cocina, y desde allá se escuchó una voz que preguntó.
- Mi motorcito, ¿qué le hiciste a Chicharrón?
- Nada, mi amor, es que Patricia Poleo me tiene nervioso.
- ¿Quién?
- No te preocupes, mi amor, tú sabes que todos mis motores son tuyos.
Caminó hasta la foto tamaño natural de Rómulo Betancourt que está en la sala y le dijo:
-Mete tu mano, Rómulo. Esta vaina se complica cada día más. Estamos quedando como unos rateros, peor que el Koki y su banda.
Y en ese momento se le ocurrió  llamar a una reunión por Zoom a todos los que quisieran hablar del caso Monómeros, pero sospechó que a lo mejor nadie se atrevía a decir nada porque todos tenían que ver con el caso. 
Sin embargo, llegó hasta su escritorio, tomó asiento, prendió la computadora, acarició la armadura falsa que compró en Toledo, España, y después hizo el llamado a la reunión por Zoom. Y el primero en aparecer fue Ismael García.
- ¿Estas asustado, Ramito?- le preguntó
- Sale de ahí que esta reunión es con gente, y tú no llegas a eso –le dijo Ramos Allup.
Y empezaron a entrar los otros miembros caídos de la corrupción, perdón, de la oposición. Allí estaba Julio Borges, quien llegó y dijo: “Si está Leopoldo López no entro, porque ese es el culpable de la quiebra de Monómeros”. Y en ese momento entró Leopoldo López y dijo: “No pudo estar con ustedes porque voy a un Foro con Mario Vargas Llosa y le llevo su novela, La Tía Tula, para que me la firme”. “Esa novela no es de Vargas Llosa,” –le dijo Ramos Allup. “La de Vargas Llosa es La Tía Julia y el escribidor”. “Gracias”- dijo López y salió de la pantalla. Entró William Dávila. Manuel Rosales. Carlos Vecchio, Antonio Ledezma y Diego Arria.
- Señores, los llamé para decirles que se supo todo –dijo Ramos Allup.
- Si, ya escuchamos a Patricia Poleo, y sabemos que  tú y Manuel Rosales quieren quebrar a Monómeros. –le dijo Julio Borges.
- Un momento, Julito. No me vengas con tus cuentos y esperes que yo te crea. Tú estás metido ahí hasta donde dice no pise la grama y cuidado perro bravo. - le dijo Ramos Allup
- Lo bueno es que a usted no lo nombró Calderón Berti. Maestro –le dijo William Dávila a Ramos Allup.
- Ese prendió el calderón del diablo –dijo Julio Borges. Y tiene toda la razón, el culpable de todo es Leopoldo López, que puso ahí a quien le dio la gana y eso fue suficiente.
- Estas alborotado, Julio. No te olvides que tú eres el Canciller. Ese comunicado que sacaste no te salva, más bien te mete de frente y dando la cara en todo lo que pasó ahí. Tomás Guanipa, a quien sacaste de la sede de la embajada en Monómeros y te lo llevaste para México a sentarlo en el diálogo, y ahora es candidato a la alcaldía de Caracas, primero tiene que explicar de dónde son los cantantes.-le respondió Ramos Allup.
- Ustedes han acabo con todo –dijo Antonio Ledezma.
- Es verdad- dijo Diego Arria-en vez de hacer política, hicieron corrupción. Ahora se explica todo. Van a las elecciones para que los perdonen.
Ramos Allup, viendo que aquello se iba a convertir en un toma y dame, buscó hacerse el loco y apagar la computadora, y justo en ese momento, Ismael García dijo:
- Y Manuel Rosales, no dice ni pio, después que de vaina no mató de un susto a Calderón Berti cuando lo vio sentado en la silla de Presidente de Monómeros.
- Tengo Covid 21 –dijo Manuel Rosales y salió de pantalla.
Ramos Allup aprovechó ese momento y llamó a Chicharrón,  y se puso de pie y salió a buscarlo, y dejó el Zoom prendido, “para que se maten esos carajos” pensó.

ROBERTO MALAVER

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