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Memorias de una revolución traicionada

Publicado: 26 de enero de 2021 a las 16:51 | Última actualización: 26 de enero de 2021 a las 17:08

El pueblo salió a la calle  el 23 de enero de 1958 sin sospechar que a la postre sería traicionado El pueblo salió a la calle  el 23 de enero de 1958 sin sospechar que a la postre sería traicionado

El pueblo salió a la calle el 23 de enero de 1958 sin sospechar que a la postre sería traicionado
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La Revolución de enero de 1958

Si alguna vez la izquierda venezolana ha sido ingenua y heroica fue durante el proceso de derrocamiento del general Marcos Pérez Jiménez (1948-1958). Y por izquierda entiéndase a todos los comandos estratégicos, tácticos y operativos de la coalición del PCV, URD y AD. Constituidos en aparato de organización civil, militar, obrero y campesino.

Desde las catacumbas de la lucha clandestina todas las fuerzas se nuclearon en torno a la Junta Patriótica cuyo máximo estratega y jefe fue Fabricio Ojeda, venido del ala anti imperialistas de URD.  En  todos esos partidos, inclusive en Copei, existían fuertes corrientes revolucionarias.

Todos ellos pusieron fin al último periodo dictatorial en Venezuela. Abriendo las puertas a un sistema  democrático formal. La concepción democrática de quienes lucharon en la clandestinidad era radical,  con un profundo contenido patriótico y popular. La democracia betancurista, consensuada en los restaurantes de  Nueva York, fue una democracia de salón, boba, sumisa y entreguista.

Este proceso revolucionario fue encabezado por el Partido Comunista de Venezuela. Con la sangre de sus mejores hombres y mujeres se  empedraron  de buenas intenciones el camino de la traición de la  IV República. La lucha subterránea fue realizada por los dirigentes de la Junta Patriótica dentro de nuestro territorio venezolano.

Más allá, en los palacios del capitalismo, fuera de nuestras fronteras, en un exilio dorado, las élites de estos partidos panificaron un plan de derrocamiento y entrega de nuestras riquezas al imperio norteamericano. Entonces se supo verdaderamente de donde son los farsantes.

La Junta Patriótica que operó desde las cárceles, el campo, los barrios, las calles y los cuarteles era por su naturaleza intrínseca la anti tesis de las élites de AD, URD y Copei, que a toda costa querían el poder con el solo ánimo de ejercerlo para controlar a Venezuela. El poder en sí mismo no es un fin sino un medio de transformación social. El poder es una herramienta al servicio del desarrollo integral de los pueblos.

Por eso la historia oficial de 1958-1998, la de los grandes académicos y portentosos titulares han tratado siempre de ignorar y soslayar la importancia crucial de la Junta Patriótica en la victoria popular de la Revolución de Enero que culminó el día 23.

 A última hora, en el minuto histórico, en la encrucijada estratégica, después de diez años de lucha clandestina la Junta Patriótica la apartaron del triunfo y la excluyeron de los acuerdos políticos relevantes. Peor aún, ingenuamente confiaron en los ausentes que espaldas del pueblo se repartieron el poder en NY, la capital del capitalismo.

Simón Sáez Mérida junto con la Juventud de su partido AD fueron igualmente sacrificados en los altares de la democracia participativa. Luego AD se dividió tantas veces (MIR, ARS, PRIN y MEP) que quedó  reducida a un partido acéfalo cuyos mejores dirigentes e intelectuales  tomaron la montaña en la lucha armada o fueron fusilados en las montañas de la insurrección. Otros como Raúl Ramos Jiménez, Jesús Ángel Paz Galarraga y el maestro Luis Beltrán Prieto Figueroa asumieron una posición frontal desde sus tribunas contra Betancourt,  sus adláteres y advenedizos.

AD pasó a ser una monstruosa maquinaria electoral sin cabeza. El pragmatismo puro y duro:

Compañero de partido, muérase usted primero, compañero en la lucha, para sucederlo y mandar yo en su nombre.  Acto seguido los efusivos saludos, abrazos de la hipocresía, al mejor estilo del Iscariote.

Así era el guion de la CIA y  las instrucciones que con voz nasal, chillona, con tono fingidamente grave y engolado enviaba Betancourt desde el norte.

La jugada final del padre de la democracia puntofijista consistió en llegar de último para tomarse la foto bajando de las escalinatas del avión en Maiquetía y cantar “caída y mesa limpia”. Ahora cobramos completo. Destituyó a dos coroneles, miembros de la Junta de Gobierno encabezada por Wolfgang Larrazábal, para incorporar a representantes del mundo empresarial y la sociedad civil. ¿Dónde estaba metido Fabricio Ojeda cuando se hizo ese enroque en el tablero?

Con ello Betancourt dio los primeros pasos para  cementar su propio cementerio  particular con las lapidas de los más brillantes cuadros de la avanzada juvenil de izquierda. Posteriormente lo incremento cobrándose la vida  de los propios jóvenes de la Juventud de Acción Democrática alzados en armas bajo las siglas del MIR.

La izquierda absorta en su alianza clandestina  no descifró correctamente el mensaje espiritual y radical del pueblo y del ala patriótica de las Fuerzas Armadas.  El 1º de enero de 1958 dos aviones de guerra sobrevolaron Caracas para bombardear a Miraflores y la sede de la Seguridad Nacional. Este evento fue un jaque mate anticipado al régimen dictatorial.  El Trejazo fue el agente catalizador para desencadenar el golpe final veintitrés días  después. Acto necesario de un proceso que puso de manifiesto la existencia de unas Fuerzas Armadas Revolucionarias.

Desde lejos  Betancourt, Rockefeller y la CIA monitorearon la situación para posteriormente cabalgarla toda vez consumada la rebelión popular. Propiciaron la caída de un general, que por sus indetenibles planes desarrollistas, les era incómodo a los poderes fácticos internacionales. Pérez Jiménez fue el cerdo expiatorio, sobre quien tendieron una aureola funesta de rapaz y sanguinario. AD se encargaría de superarlo con creces en todos los aspectos del saqueo, la represión, muertos desaparecidos y torturados. Se encargó de vejar y humillar a Venezuela, usufructuando en beneficio propio y por personas interpuestas sus riquezas.

Así pues, El suceso del 1º de enero fue un golpe técnico inesperado que Pérez Jiménez detuvo, pero que no logró aplacar. Se abrieron las  compuertas de la insurrección popular. Gracias a Trejo   el caudal del descontento social comenzó a desbordar su cauce. Los días venideros fue una verdadera fiesta de protestas y manifestaciones callejeras.

El brazo humorístico de la revolución lanzó sus flechas ácidas cargadas de ingeniosos chistes y sátiras beligerantes. Los intelectuales publicaron sendos y sesudos manifiestos por la prensa.  El sindicato de la inteligencia difundió escritos anti dictatoriales. Las mujeres y los estudiantes tomaron la calle con banderas nacionales, los obreros   pusieron el pecho contra las balas, los curas con sus homilías arengaron desde sus púlpitos la revuelta, muchos hogares dieron refugio a los perseguidos y llevaron comida a los presos.  Los campesinos alzaron sus machetes y los artistas protestaron desde sus tribunas contra el régimen. La dictadura se resquebrajó, los tres cochinitos (Pérez Jiménez, Lovera Páez y Laureanito Vallenilla) se tambalearon hasta que no les quedó más remedio preparar sus planes de fuga..

El 3 de enero Fabricio Ojeda desde las trincheras subterráneas de la Junta Patriótica, hace un llamado a la unión cívico – militar para poner fin a la dictadura. Las tropas de Trejo se rindieron en Ramo Verde – Los Teques, pero la revolución ya flotaba en a los cuatro vientos.

Cómo medida in extremis, para salvar al gobierno el alto mando militar perezjimenista propuso y exigió la inmediata expulsión del país del Dr. Laureano Vallenilla Planchart y Pedro Estrada. El dictador despidió entonces a los jefes del aparato represivo pero como buen ingeniero y constructor de grandes obras seguía sin entender mucho de la crisis política que le rodeaba. Las Fuerzas Armadas entonces se fracturaron. 

Desde ese día la central represiva entra pánico. El destituido Ministro del Interior, Laureano Vallenilla, firmó sus últimas órdenes de detención. Por medio de llamadas telefónicas alerta a sus pocos amigos de la infancia, militantes comunistas, para informarles que sus cabezas tenían precio. Los sabuesos de la represión andan sueltos apresando indistintamente a comunistas, alzados, estudiantes y gente de a pie. Entre la primera semana de 1958 y el 23 de enero cientos son arrojados a los sótanos de la Seguridad Nacional- SN. Allí cantan el Himno Nacional y cargan como condecoraciones las laceraciones dejadas por las torturas y  planazos causados por las peinillas de los patas blancas de la Guardia Nacional.

Mientras el PCV y el ala revolucionaria de las juventudes de  Acción Democrática y URD exponían sus vidas en la lucha clandestina, el 17 de diciembre del año en curso, a espaldas del pueblo, se firma en Nueva York el Pacto Tripartito que dejó por fuera a todas las generaciones que dieron su vida por Venezuela. Este acto se firmó en presencia del jefe de Asuntos para América Latina del Departamento de Estado. El mismo seria simbólicamente refrendado el 31 de octubre de 1958 en una quinta ubicada en  Las Delicias cuyo nombre “Punto Fijo” es sinónimo de represión y barraganería política. Su propietario el Dr. Rafael Caldera Rodríguez.

El 21 de enero estalla la huelga general. Civiles y estudiantes hacen frente a los agentes del orden público. La conmoción social se extiende a varias ciudades del país. Varios oficiales de alta jerarquía  ponen un ultimátum a Pérez Jiménez y se ve obligado a abandonar el Palacio de Miraflores. La rebelión militar está en marcha.   

Por los corredores de la Seguridad Nacional se pasean nerviosos los funcionarios de la policía política del Estado enseñando sus ametralladoras a los cientos de detenidos. Amenazan con apretar los gatillos y fulminarlos a todos. Detrás de las rejas los jóvenes revolucionarios esperan la ráfaga que dará fin a sus vidas. La tensión crispa los ánimos de los esbirros,  cuando se oyen desde fuera gritos, cañonazos y voces de júbilo que gritan consignas libertarias. La toma de la Bastilla estaba por ocurrir, la sede de la SN estaba sentenciada, por la voluntad soberana, a abrir sus rejas a la libertad plena y la institucionalización de la Democracia Revolucionaria. Sin embargo ya Betancourt había pactado con Rockefeller y el Departamento de Estado la entrega  de nuestra soberanía economía y recursos naturales.

Cuando el pueblo rompió las puertas de la infame sede, los policías huyen, algunos son linchados y desmembrados. Hubo policías que trataron de camuflarse entre los presos liberados y lograron escapar. El más sanguinario de todos los asesinos de la SN, conocido como “El Gavilán” tenía la monomanía de torturar a los presos sacándole las uñas con alicates o desprender los pezones de las detenidas con una tenaza mientras estaban montados sobre el cortante y afilado ring. Este fue inmediatamente reconocido, opuso resistencia pero no pudo evitar que una estaca que enarbolaba la Bandera Nacional le fuera clavada en el pecho, quedando atestado contra un banquillo del local. Hubo un saldo aproximado de 500 muertos.

Esa madrugada del 23 de enero de 1958, a las 3:00 am, una aeronave C-54 Skymaster, conocida como la Vaca Sagrada levantó vuelo sobre Caracas.  La aeronave presidencial llevaba a bordo al dictador que huía junto con su familia y colaboradores más cercanos.

La derecha viendo el peligro del ejército revolucionario y progresista de Trejo de ipso facto lo enviaron a una embajada para distraer a sus seguidores. Al aeropuerto de Maiquetía fueron 400 oficiales a despedirlo como símbolo de lealtad a la Patria. La izquierda ciega y desprevenida entregó ciegamente el poder. Fabricio Ojeda quedó reducido a una diputación que obtuvo en las elecciones subsiguientes.

Los tres grandes ausentes, que no aportaron ni esfuerzos ni sangre, regresaron al país rodeados de homenajes de bienvenida. Los tres cochinitos fueron sustituidos por  Rómulo, Caldera y Jóvito. Al descender las escaleras impecablemente vestidos en Maiquetía la prensa hizo un banquete mundial de noticias. Eran las caras visibles de la revolución traicionada. Había muerto el espíritu revolucionario de unidad nacional  anti imperialista del 23 de enero. Invisibles y estupefactos permanecieron los cuadros revolucionarios sobre quienes se desataron  40 años de brutal persecución y aniquilamiento.

¡Prohibido olvidar! ¡La Revolución Bolivariana es para siempre! ¡Venceremos!

ALEJANDRO CARRILLO

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