Necropolítica opositora: La mentira como arma contra el Pueblo
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Publicado: 31/07/2026 05:54 PM
El 24 de junio de 2026, en Venezuela, mientras nos enfrentábamos a miles de muertes y colapsos estructurales, varios creadores de contenido digitales, sumados a algunos periodistas, dentro y fuera del país, recurrieron a discursos de odio o manipulación informativa para ganar notoriedad, promoviendo el miedo en medio de una tragedia nunca antes vivida en nuestro país.
No había pasado una hora luego del doble terremoto, cuando vimos cómo, además del dolor nacional por lo ocurrido, el venezolano sufrió otro ataque: el de periodistas y mal llamados influencers asociados con la derecha venezolana, haciendo contenido burlesco, promoviendo acusaciones, endilgando culpas y fomentando discursos de odio hacia las víctimas, rescatistas, militares y cuerpos de seguridad venezolanos por la respuesta frente a la devastación del doble sismo.
Para esto, publicaron videos que causaron repudio masivo al aprovechar el colapso de edificios en Caracas y La Guaira para hacer "chistes" morbosos sobre los cuerpos atrapados en las grietas de las estructuras; lo cual provocó campañas ciudadanas en redes sociales para reportar y tumbar masivamente sus cuentas por promover discursos de odio en medio del luto nacional.
Estas acciones no son casuales, son dirigidas y acompañadas por los líderes políticos de la derecha venezolana, que utilizan la necrofilia política como herramienta de difamación contra sus adversarios. Este tipo de prácticas no es nuevo, se trata de un concepto filosófico y político que define el uso del poder social y político para determinar quién debe vivir y quién debe morir.
El término necropolítica fue acuñado por el filósofo e historiador camerunés Achille Mbembe en su ensayo homónimo publicado en 2003, que señala cómo los gobiernos y las corporaciones ejercen la soberanía mediante la administración de la muerte y el sufrimiento; de esta manera, el uso de la necropolítica en el caso venezolano, se refiere a infundir mensajes que validen la muerte del contrario, y que todo aquel que sea chavista o todo lo que haga el Gobierno Bolivariano, es malo, dañino y debe ser eliminado.
Algunos ejemplos de los actos de necropolítica que vimos en los últimos días, a propósito del doble terremoto son los siguientes:
- Infundir pánico y falsas alertas de tsunami: estas matrices fueron creadas desde Miami, donde artistas como Dany Ocean y canales digitales difundieron alertas tempranas de tsunamis en las costas del norte del país. Esto provocó evacuaciones masivas, caóticas e innecesarias que paralizaron las labores críticas de los bomberos y rescatistas, obligándolos a desviar recursos humanos para controlar el pánico en lugar de remover escombros.
- Críticas a la militarización frente a la supuesta falta de equipos: Cuentas informativas de oposición y ciudadanos en terreno viralizaron videos denunciando que, en varios puntos de rescate, las autoridades tardaron días en llegar. La narrativa principal acusaba al Gobierno de desplegar funcionarios "con más fusiles que palas", obstaculizando e incluso deteniendo el trabajo de los rescatistas voluntarios civiles que llevaban días cavando con las manos debido a la falta de maquinaria pesada estatal.
- Denuncias de negligencia internacional: Influencers extranjeros y comunicadores fuera de Venezuela, con testimonios viralizados desde Canadá y México difundieron la matriz de opinión de que la tragedia real no fue el sismo, sino la negligencia gubernamental previa. Argumentaron que la falta de mantenimiento estructural crónico, además de la precaria infraestructura hospitalaria y bomberil multiplicaron exponencialmente la cifra de fallecidos.
El Pueblo venezolano fue víctima de una doble catástrofe: el devastador impacto físico del doble terremoto del 24 de junio de 2026 y una agresiva e inmediata ola de desinformación que colapsó los canales digitales, sembraron el pánico masivo y sabotearon la percepción de la ayuda humanitaria. Mientras miles de familias buscaban desesperadamente a sus seres queridos bajo los escombros, las redes sociales se inundaron de falsedades que incrementaron la angustia colectiva.
El uso de la necropolítica se dividió en tres frentes informativos falsos que golpearon directamente la salud mental y la seguridad de la ciudadanía:
El
bloqueo imaginario y la falsedad sobre los rescatistas internacionales
El bulo del rechazo a la ayuda: En plataformas digitales circularon imágenes creadas con Inteligencia Artificial (IA) diseñadas para instalar la matriz de opinión de que las autoridades venezolanas estaban impidiendo el ingreso de rescatistas extranjeros. En constraste, agencias internacionales de verificación como Verifica RTVE demostraron que la cooperación internacional sí se habían sido recibidas y movilizadas. De hecho, organizaciones como la Cruz Roja Costarricense y brigadas sanitarias de diversas naciones cooperaron activamente, rescatando incluso a personas con vida días después de los sismos.
Uso de tragedias extranjeras y manipulación emocional de víctimas
Escombros importados: El morbo digital se alimentó de videos masivos, que acumulaban millones de visitas, mostrando brutales colapsos de edificios o explosiones que no ocurrieron en Venezuela. Se difundieron demoliciones controladas de Turquía en 2023, los sismos de Filipinas en 2026 y accidentes del Metro de Caracas en 2021 como si fuesen pérdidas del momento, multiplicando el miedo del entorno.
Casos de falsos huérfanos: Se instrumentalizó el dolor mediante fotos sacadas de contexto, viralizaron en el mundo una imagen que mostraba a una recién nacida en un centro médico venezolano, asegurando que había quedado huérfana en La Guaira a causa del sismo. Posteriormente, investigaciones locales demostraron que la bebé estaba sana con su madre, pero la foto ya había sido usada para recolectar falsas donaciones monetarias.
Falsas alertas climáticas que paralizaron los rescates
Terror por tsunamis inexistentes: Se difundieron videos antiguos del tsunami de Japón en 2011 afirmando que el mar se estaba metiendo en las costas de La Guaira y Sucre. Este rumor infundado causó que comunidades enteras corrieran despavoridas hacia las zonas altas, colapsando las vías públicas. El pánico ciudadano impidió físicamente que las ambulancias y los camiones de bomberos llegaran a tiempo a las zonas de los derrumbes para buscar sobrevivientes en las horas críticas, donde el tiempo significaba la vida o la muerte.
El terremoto derribó la
infraestructura, pero la desinformación atacó la estabilidad emocional de un
país en pleno duelo, forzando a los ciudadanos a dudar de cuáles reportes eran
reales y cuál ayuda humanitaria estaba verdaderamente disponible.
Detrás de la creación y difusión de noticias falsas durante una tragedia de esta magnitud no hay una sola motivación, sino un entramado de intereses económicos, políticos y psicológicos. Quienes generan desinformación se aprovechan de que el miedo y la incertidumbre anulan el pensamiento crítico de las personas, convirtiendo la desesperación en un recurso sumamente valioso.
En conclusión, la desinformación en el terremoto de Venezuela no fue un accidente; fue un mecanismo de explotación donde el dolor humano se transformó en divisas, votos y seguidores.
AMELYREN BASABE/REDACCIÓN MAZO